¡Soy una "Pocavergonya"!
Todos vivimos dentro de una diversidad funcional que nos enseña a ser mejores...
A veces, cuando explico nuestro pequeño gran proyecto de teatro inclusivo, la gente responde cosas como “qué mérito tienes” o “yo no podría”… y algo dentro de mí se desencaja.
Yo no tengo ningún mérito. Yo soy una Pocavergonya de pies a cabeza, como lo somos todos los que formamos parte de esta aventura teatral y vital. No tengo ningún mérito: tengo suerte, y soy consciente de ello. Suerte de poder compartir, cada viernes, un rato juntos y disfrutar de nuestras “discapacidades”. Porque sí, porque todos tenemos. Todos tenemos discapacidades en algún momento, pero preferimos hacer ver que no nos damos cuenta.
Los Pocavergonya disfrutamos de la diversidad. Por un rato, dejamos que nuestras diferencias nos unan en un ambiente de amor y generosidad que llena cualquier espacio en el que estemos, con música y colores.
¿Y por qué escribo este artículo ahora? Pues porque acabamos un curso más y sé que les echaré de menos… Y hoy, paseando por la naturaleza, me he cruzado con una chica con síndrome de Down. Le he sonreído, y ella se ha quedado mirándome muy seria, como sorprendida por mi sonrisa…
¿Cuántas cosas deben de vivir las personas con diversidad funcional de las que no somos conscientes? ¿Cuántos retos logran cada día sin que nosotros lo veamos? ¿Les resulta fácil salir de casa cuando quieren? ¿Ir a comprar el pan? ¿Entrar en una discoteca?
Es como un mundo paralelo que ellos y ellas viven cada día y que nosotros no vemos. Y es por eso, por todo lo que hacen con sus supercapacidades, que quiero agradecer desde aquí todo lo que he aprendido con ellos.
He aprendido que:
- El teatro nos une mucho más allá del escenario.
- Cuanto más amor das, más recibes; ellos lo multiplican con creces.
- La diferencia está en los ojos de quienes la quieren ver; ellos no la ven y, en cualquier caso, si la ven, la respetan plenamente.
- La paciencia es un espejo en el que podemos aprender mucho de nosotros mismos.
- Cuando nos ponemos la etiqueta de “Pocavergonya”, nos convertimos en familia.
- Los abrazos son el primer y el último regalo de cada viernes.
- No hay que hacerlo perfecto para hacerlo verdadero.
- Todo el mundo tiene algo que aportar, si tiene el espacio donde hacerlo.
- Escuchar es mucho más que oír palabras.
- Nuestros momentos de locura juntos son fotografías para toda la vida.
- Y, sobre todo, que el amor, las ganas de compartir y disfrutar juntos, nos hacen invencibles.
Por todo esto y por mucho más, muchas gracias a todos los Pocavergonya. ¡Sois muy grandes!





